"Éste es el leitmotiv bergsoniano: sólo se han visto diferencias de grado allí donde había diferencias de naturaleza. Bajo este punto esencial agrupa Bergson sus críticas principales de carácter más diverso.
A la metafísica le reprochará esencialmente el haber visto sólo diferencias de grado entre un tiempo espacializado y una eternidad entendida como primera (el tiempo como degradación, distensión o disminución de ser...): todos los seres se definen dentro de una escala de intensidad entre los límites de una perfección y de una nada.
Y a la ciencia le hará un reproche análogo: no hay otra definición de mecanicismo que la que invoca, de igual modo, un tiempo espacializado, conforme al cual los seres sólo representan diferencias de grado, de posición, de dimensión, de proporción. Encontramos el mecanicismo incluso en el evolucionismo, en la medida en que éste postula una evolución unilineal y nos hace pasar de una organización viviente a otra mediante simples intermediarios, transiciones o variaciones de grado. En esta ignorancia de las verdaderas diferencias de naturaleza se encuentra, en verdad, la fuente de los falsos problemas y de las ilusiones que nos abruman.
Desde el primer capítulo de Matière et Mémoire muestra Bergson cómo el olvido de las diferencias de naturaleza entre la percepción y la afección, por una parte, y entre la percepción y el recuerdo, por otra, engendra toda suerte de falsos problemas, haciéndonos creer en un carácter inextensivo de nuestra percepción: "En esta idea que proyectamos fuera de nosotros de los estados puramente internos se encontrarían tantos malententendidos, tantas respuestas incompletas a cuestiones mal planteadas". "
Gilles Deleuze, El bergsonismo, cap. I, trad. L. F. Carracedo, ed. Cátedra, 1996, pág. 20.
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